|
Testimonio:
José Fco. Ibáñez Giménez.
A mis compañeros y
compañeras de fatigas......
Cuando con 54 años me
diagnosticaron miastenia gravis, pensé que mis temores se habían
confirmado. Tenía una enfermedad grave, ya lo dice el nombre, y que
podía dejarme inválido. Para colmo de males, me puse a buscar
información en Internet, y lo que encontraba iba de mal en peor, con
pocas esperanzas de curación y mil problemas de todo tipo amenazándome,
tanto por la propia enfermedad como por los distintos tratamientos
empleados.
El miedo se apoderó de mí
durante la fase más aguda y grave de la enfermedad. Durante dos meses me
dejó en casa sin poder trabajar y casi sin poder valerme solo, ya que la
visión doble y la caída caprichosa de los párpados y del cuello, me
dificultaba todas las actividades de la vida cotidiana. Cualquier
movimiento me agotaba y casi no podía ni tragar. Fue horrible y un
horizonte sombrío se proyectaba sobre mi futuro.
Pero poco a poco, día a día
al principio, fui mejorando con el tratamiento: Mestinón, Prednisona e
Imurel, obraron el milagro, y puedo decir que actualmente (han pasado
casi dos años desde el principio de la crisis) estoy prácticamente
asintomático, solo con tres pastillas de mestinón, 15 mg de prednisona
días alternos y 50 mg de azatioprina (Imurel), que no me han provocado
ningún efecto secundario importante y me permite realizar mi trabajo
habitual con toda normalidad, (soy profesor y doy 21 horas semanales de
clase luchando todos los días con alumnos entre 15 y 18 años). No me
acuerdo de la enfermedad más que cuando acabo de comer que me canso un
poco.
He aprendido que a las
enfermedades crónicas hay que adaptarse y plantarles cara. No hay que
tener miedo, hay que conocerlas, como a los adversarios, y luchar sin
prisas, hasta conseguir llevar una vida lo mas normal posible y
disfrutar de cada uno de los momentos en los que nos encontramos bien, y
de cada oportunidad que nos brinda la naturaleza de gozar con sus
olores, sabores, temperatura, colores y mil maravillas que podemos
encontrar si buscamos.
El apoyo de la familia y
amigos, si existe, utilizarlo y agradecerlo. No os cerréis en vosotros
mismos. Abriros a los demás como debéis abrir los sentidos a la vida.
Estamos vivos y debemos
luchar para seguir estándolo y disfrutando de ello.
¡Ánimo y abrazos a todos/as!
|